El terror en las profundidades

Hay dos mitos hermanos sobre la población ultraterrena de las profundiades marinas: el mito de los atlantes y el mito de los monstruos marinos. Los dos son tan antiguos como nuestra civilización, y ocupan parcelas anexas de nuestra psique, espalda con espalda.

En los mapas anteriores al Siglo XVIII, los monstruos marinos no pertenecen a la realidad oculta. Están en la superficie, igual que los continentes y las ciudades. Su existencia no se pone en duda. Hay testimonios de sobra. Figuran en todos los bestiarios y tratados de zoología. Son descritos con detalle por la élite de los cartógrafos, naturalistas y científicos del Renacimiento: el Theatrum orbis terrarum de Abraham Ortelius -el primer atlas mundial moderno- o la Carta marina de Olaus Magnus -el primer mapa conocido de Escandinava-. En las cartas de navegación los monstruos marinos no son decorativos. Sirven de advertencia y de recordatorio de sus avistamientos.

En el Siglo IV de nuestra era, el poeta latino Avieno basa su Ora marítima, el primer tratado cartográfico de la Hispania Prerromana, en las crónicas de los muchos navegantes e historiadores previos de la zona, desde Amílcar hasta Tucídides: “Hay que mencionar también que por esta zona la superficie de la mar no alcanza gran profundidad y que apenas un poco de agua cubre el fondo, que las bestias marinas recorren la mar por aquí y por allá, que los navíos se desplazan lentos y lánguidos entre monstruos que nadan por medio”.

Hay cientos de bestias marinas en el Volumen 4 de la Historiae animallum de 4500 páginas de Conrad Fessner, el primer tratado zoológico exhaustivo de la historia. Ictiocentauros, hidras, serpientes marinas, demonios acuáticos. Langostas gigantes capaces de partir barcos con sus pinzas. También los monstruos de Homero y de la Historia natural de Plinio el Viejo: cerdos y perros marinos, sirenas, tritones y nereidas, peces sierra, Escila y Caribdis. Dragones y unicornios de mar. Criaturas antropomórficas como las que describirá la ciencia ficción de cinco siglos más tarde.

Milton en su Paraíso perdido habla “de la bestia marina Leviatán, a quien Dios hizo el mayor de todos los seres que nadan en las corrientes del océano. Duerme tranquilo entre las espumosas olas de Noruega, y con frecuencia acaece, según dicen los marineros, que el piloto de alguna barca perdida lo toma por una isla y echa el ancla sobre su escamosa piel”

Fragmentos de “El Abismo Que Asciende“, ensayo de Javier Calvo para MUNDO SUBTERRANEO, de editorial La Felguera.

CONTINUARÁ…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s