976-EVIL!

El puntaje medio que obtiene este class-b horror ochentero es precisamente su condena: pareciera que la calificación final es apenas un “pasable”. Y precisamente eso hacemos, la pasamos de largo. Flotando en medio de la tabla, siempre hay mejores opciones.

Pero bueno, aquí entra otra cuestión en juego: las puñeteras críticas y puntajes de la internet. Ok, muchas veces aciertan y nos salvan de pasarnos dos horas frente a la pantalla viendo un fiasco, pero otras muchas están hechas por capullos imberbes fanáticos de netflix.

976-EVIL no es un puto clásico, pero está muy bien para pasar el rato. Con la actuación estelar de Sthephen Geoffreys, actor que se movió entre el terror -lo recordarán de Fright Night- y terminó haciendo porno gay en los ´90, se estrenó en 1988 y nos cuenta la historia de una línea telefónica tarifada (los 976- o 0600-, que hicieron furor en esa época) en donde nos atiende el mismísimo demonio.

Los pasos a seguir son los habituales: Se hace un pacto con el Señor de las Tinieblas, y el te dicta lo que hay que hacer para obtener lo que deseas. El pago, obviamente, es que tu alma arda en el fuego eterno del infierno. Hasta aquí todo en orden, hasta que las cosas se empiezan a salir de control y el mismo diablo termina haciendo de las suyas en la tierra.

Los ingredientes de 976-EVIL son los siguientes: chicas con poca ropa, alcohol, una banda de gamberros problemáticos, madres religiosas chifladas y unos efectos especiales chulísimos (recordemos que estamos en una década dorada para el terror: cualquier idea mas o menos coherente se podía transformar en película y siempre había algún estudio dispuesto a financiar el proyecto).

Así que ya saben amigos, no le hagan caso a rotten tomatoes ni esas mierdas. Pongan cerveza en la heladera y prepárense para pasar la noche acompañados por 976-EVIL, la línea telefónica atendida por el mismísimo Satán. Hasta la próxima.