A hard bone to crack…

Tramposo. Engreído. Mujeriego. Borracho. También mago y ocultista. Las personas que están a su alrededor por lo general terminan muertas. Culpa suya una niña inocente de 9 años está condenada eternamente al infierno.

John Constantine no es precisamente el mejor tipo que te puedas encontrar en la barra del bar. Pero seguramente estará dispuesto a compartir un trago, siempre y cuando seas tú quien pague la cuenta. Creado por Alan Moore en The Swamp Thing, se transformó en una de las figuras más icónicas del cómic para adultos.

Demonios de todos los círculos del infierno, brujas, asesinos en serie o tribus caníbales perdidas en algún confín del mundo. Ritos vudú, paganismo y antiguas invocaciones. Lejos de ser un héroe o justiciero, por lo general John termina salvándose por un pelo. Pero deja un completo desastre detrás. Donde pisa ya no crece el pasto.

Es una de las series más longevas y hasta el día de hoy Constantine sigue luchando contra las fuerzas sobrenaturales e intenta salvar su alma condenada.

Aunque como dice Lucifer, el Primero de los Caídos: “Tarde o temprano el juego se acaba. Y John, hay muchos ahí abajo esperándote. Y no va a alcanzar toda la compasión del mundo para aliviar el dolor que te espera….”

Nos vemos pronto, Constantine!

Mundo enfermo y triste (y retorcido)

Más allá de las advertencias, apenas entramos en ese laberinto lisérgico que es Like a Velvet Glove Cast in Iron, nos perdemos apenas doblar en la primera esquina. Y miramos hacia atrás, queremos volver. Pero el camino ya no es el mismo.

Y seguimos caminando sin sentido por un buen rato. Tanteando las paredes, retrocediendo a veces, otras avanzando. Buscando quizás alguna trampilla o manera de ir a algún lado.

Hasta que entendemos por fin que solo hay que dejarse llevar… ¿A dónde? No tenemos ni la más remota idea, claro. Acompañamos a Clay en la búsqueda de un misterioso estudio de cine responsable de un extraño film BDSM protagonizado por su antigua novia, y a partir de ese momento todo se vuelve surrealista.

Como si se tratara de una emisión de Sick Sad Word, vemos desfilar personajes y situaciones totalmente retorcidas, surrealistas o directamente repugnantes. Lo onírico y el mundo real se mezclan a la sombra del misterioso Sr. Jones, un extraño personaje que aparece de manera recurrente y está a mitad de camino entre ícono pop y extraña criatura con poderes asombrosos.

También hay sectas, un comando de mujeres que le declara la guerra al sexo masculino -y la gana, claro-, una extraña chica que va guionando la historia-dentro-de-la-historia, snuff movies y criaturas imposibles. A esta altura, en mitad del laberinto, nos hemos olvidado completamente de cómo, para qué, o por qué estamos allí.

Daniel Clowes ya es una eminencia en el mundo del cómic alternativo-underground americano junto a Peter Bagge y Charles Burns. Like a Velvet iron… es quizás su obra más retorcida, y salió publicada en partes en su revista Eightball entre 1989 y 1992. Y si bien el tomo único lo leemos de un tirón, en inmureables ocasiones debemos volver de página o viñeta… ¿que diablos quizo decir? ¿es la realidad o está soñando?

Van llegando los últimos capítulos, y crece la duda sobre si algo se resolverá o tendrá sentido. Confiamos todavía ingenuamente en la vieja regla de la introducción-desarrollo-final. Pero claro, no todo es como debería ser. Pensamos que nos dirigimos hacia algún lugar, pero a veces simplemente estamos metidos en un circulo sin principio ni final. Como un guante de seda forjado en hierro.